Escultor de la infancia, la maternidad y la vida cotidiana

Marino Leonardo Borrega Amaya, conocido artísticamente como Marino Amaya, nació en Astorga (León) el 10 de julio de 1928 y falleció en Villanueva de Algaidas (Málaga) el 3 de noviembre de 2014.

Fue un escultor figurativo especialmente interesado en la infancia, la maternidad, la familia, los animales y las personas sencillas. Sus numerosas representaciones de niños jugando hicieron que fuese conocido como «el escultor de los niños».

Trabajó principalmente la piedra y el bronce, aunque también realizó obras en barro, terracota, dibujo y pintura. Su producción está presente en calles, parques, iglesias, cementerios, museos y colecciones particulares.

Obras en la iglesia de San Cristóbal y San Rafael de Madrid

La iglesia de San Cristóbal y San Rafael conserva tres obras atribuidas expresamente a Marino Borrega Amaya:

  • El Cristo del Coro.

  • La Milagrosa.

  • San José.

Estas imágenes muestran la faceta religiosa y devocional del escultor. A diferencia de sus grandes monumentos públicos, fueron concebidas para integrarse en la vida cotidiana de una comunidad parroquial.

El Cristo del Coro

Esta representación de Cristo se encuentra vinculada al espacio destinado al canto y a la oración comunitaria.

La obra conecta con uno de los temas más profundos de Marino Amaya: el sufrimiento humano contemplado desde la dignidad, la compasión y la esperanza.

La Milagrosa

La imagen de la Virgen Milagrosa incorpora la devoción mariana al patrimonio artístico de la parroquia.

La maternidad fue uno de los temas fundamentales del escultor. Marino Amaya representó en numerosas ocasiones a madres con sus hijos, tanto en obras religiosas como en monumentos civiles. En ellas destacó la ternura, la protección y la cercanía entre las figuras.

San José

La figura de San José completa el conjunto religioso realizado por el escultor para la iglesia.

El santo aparece tradicionalmente relacionado con el trabajo, el cuidado y la protección de la familia. Estos valores guardan una estrecha relación con el universo artístico de Marino Amaya, muy atento a los oficios, la vida familiar y las personas humildes.

La página de patrimonio artístico de la parroquia confirma la autoría y los títulos de las tres obras, aunque no ofrece por el momento datos sobre sus fechas, dimensiones, materiales o procedencia. Para completar esta información sería necesario estudiar directamente las imágenes o consultar el archivo parroquial.

Infancia y vocación artística

  • 1928. Nace el 10 de julio en Astorga, junto a la iglesia de Puerta de Rey. Algunas publicaciones antiguas ofrecen los años 1927 o 1929, pero la documentación biográfica más detallada señala 1928.

  • Infancia. Crece en una familia humilde formada por ocho hermanos. Su padre trabaja como ayudante de fogonero en el ferrocarril.

  • Juventud. La muerte prematura de su padre provoca una difícil situación familiar. Marino realiza diferentes trabajos para poder mantenerse: ejerce como pastor, carpintero y tejedor.

  • Primeras experiencias. Mientras cuida ovejas comienza a tallar ramas y raíces con una navaja. El trabajo manual y el contacto con la naturaleza despiertan su interés por la escultura.

  • Hacia 1943. Con aproximadamente quince años recibe su primer encargo conocido: una imagen de Santiago Apóstol esculpida en piedra blanca.

Formación en Salamanca y Madrid

  • Estudia en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca.

  • Se aproxima al taller del escultor Francisco González Macías, donde adquiere experiencia en el modelado y en la talla.

  • Recibe una beca para ampliar su formación en Madrid y estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando.

  • Trabaja durante aproximadamente dos años en el taller de Juan Cristóbal González, uno de los escultores españoles más importantes de su generación.

  • Colabora con Juan Cristóbal en la ejecución del monumento al Cid Campeador de Burgos. Esta experiencia le permite conocer la organización de un gran taller y el proceso de creación de una escultura monumental.

Trayectoria artística

  • 1949. Obtiene una Medalla de Bronce en la Exposición Nacional de Educación y Descanso.

  • Comienzos de la década de 1950. Recibe sus primeros premios y comienza a participar regularmente en exposiciones y certámenes artísticos.

  • 1951-1952. El obispo de León, monseñor Luis Almarcha, le encarga un monumento dedicado a la Inmaculada Concepción. Las fuentes ofrecen fechas diferentes para el encargo, la realización y la inauguración.

  • 1952. Celebra una exposición en la Asociación de Escritores y Artistas de Madrid.

  • 1953. Obtiene la Medalla de Oro y el Premio Extraordinario de Escultura en un certamen de Educación y Descanso. También recibe la Tercera Medalla del Salón de Otoño.

  • 1954. Realiza una gran escultura de la Inmaculada para Astorga. Obtiene la Segunda Medalla del Salón de Otoño.

  • 1955. Consigue la Primera Medalla del Salón de Otoño, además de los premios Duques de Montoro y Duques de Alba.

  • 1957. Participa en una exposición celebrada en el Museo Romántico de Madrid.

  • 1960. Realiza Maternidad para el parque de Isabel la Católica de Gijón.

  • Década de 1960. Reside durante un tiempo en Río de Janeiro, donde realiza esculturas y numerosos retratos.

  • 1962. Expone en el Círculo de Bellas Artes de Madrid después de regresar de Brasil.

  • 1965. Realiza el monumento a Isabel la Católica, situado en el parque del mismo nombre de Gijón.

  • 1969. Realiza el monumento dedicado a la conquista de la Luna en Málaga.

  • 1971. Ejecuta importantes conjuntos públicos, entre ellos el monumento a Don Quijote y Sancho Panza de Alcázar de San Juan y el dedicado a la Marina Española en Almería.

  • 1974. Astorga lo nombra hijo predilecto y posteriormente dedica una calle a su memoria.

  • 1981. Expone en la Zoma Gallery de Nueva York. Según la Asociación Española de Pintores y Escultores, la Fundación Rockefeller adquiere quince piezas de la exposición.

  • Desde 1981. Alterna su trabajo entre los estudios de Madrid y Marbella.

  • 1983. Realiza el monumento a la Constitución de Soria.

  • 1985. Mantiene un encuentro con el papa Juan Pablo II relacionado con su obra El derecho a la vida. La escultura es bendecida por el pontífice y pasa a formar parte de la colección artística del Vaticano.

  • 1997. Realiza junto a su hijo Salvador Amaya el monumento a los Donantes de Sangre de León.

  • 2007. Se instala en Salamanca un monumento dedicado a la maternidad.

  • 2014. Fallece el 3 de noviembre en Villanueva de Algaidas, Málaga, a los 86 años.

El escultor de los niños

Marino Amaya dedicó una parte fundamental de su producción a representar la infancia.

Sus niños aparecen:

  • Jugando al corro.

  • Montados en un balancín.

  • Sujetando cántaros.

  • Acompañados por animales.

  • Protegidos por sus madres.

  • Conversando o descansando.

  • Descubriendo el mundo cotidiano.

Estas figuras no buscan representar héroes ni personajes históricos. Son niños anónimos y escenas sencillas que transmiten ternura, espontaneidad y alegría.

A través de ellas, el escultor defendió el amor a la vida, la familia y la convivencia. La sencillez de los temas permitió que sus obras fueran comprendidas y apreciadas por públicos muy diferentes.

Características de su escultura

La producción de Marino Amaya se caracteriza por:

  • El mantenimiento de una escultura claramente figurativa.

  • La simplificación de las formas sin perder el reconocimiento del personaje.

  • La atención a los gestos y a las relaciones entre las figuras.

  • El interés por la infancia, la maternidad y la familia.

  • La representación de trabajadores, músicos y personajes populares.

  • La presencia frecuente de perros, gatos y otros animales.

  • El empleo habitual de la piedra y el bronce.

  • La integración de las esculturas en plazas, parques y edificios públicos.

  • Un lenguaje artístico directo, emotivo y accesible.

Marino Amaya permaneció al margen de las tendencias más abstractas de la segunda mitad del siglo XX. Prefirió desarrollar una figuración personal, expresiva y comprensible.

Principales temas de su obra

La infancia

Los niños jugando constituyen el tema más reconocible de su producción. Estas obras celebran la inocencia, la amistad y el descubrimiento de la vida.

La maternidad

Las madres con sus hijos expresan protección, afecto y continuidad. El tema aparece tanto en obras públicas como en esculturas de carácter religioso.

La fe

Sus imágenes de Cristo, la Virgen, San José y otros santos muestran su dedicación a la escultura religiosa. Las tres obras de San Cristóbal y San Rafael pertenecen a esta vertiente.

El sufrimiento y la dignidad humana

Obras como El dolor y El derecho a la vida muestran su preocupación por la fragilidad del ser humano, la defensa de la vida y la compasión.

Los oficios y la vida popular

Su propia experiencia como pastor, carpintero y tejedor influyó en su interés por las personas trabajadoras y los ambientes cotidianos.

Los animales

Los perros ocuparon un lugar especial tanto en su vida como en su obra. También representó gatos y otros animales con cercanía y expresividad.

Obras públicas destacadas

  • Maternidad, Gijón, 1960.

  • Isabel la Católica, Gijón, 1965.

  • Conquista de la Luna, Málaga, 1969.

  • Don Quijote y Sancho Panza, Alcázar de San Juan, 1971.

  • Monumento a la Marina Española, Almería, 1971.

  • Monumento a la Constitución, Soria, 1983.

  • Donantes de Sangre, León, 1997, realizado con Salvador Amaya.

  • Maternidad, Salamanca, 2007.

Obras en museos e instituciones

  • El derecho a la vida, colección artística del Vaticano.

  • Reposo, Palacio de Gaudí de Astorga.

  • Niña con cántaro, Biblioteca Municipal de Astorga.

  • La noche, Ayuntamiento de Soria.

  • Diversas esculturas en la colección de arte de la Fundación Unicaja.

Legado artístico

Marino Amaya dejó una producción muy extensa, repartida por numerosas ciudades españolas y por colecciones internacionales.

Su principal aportación fue acercar la escultura figurativa a la vida diaria mediante personajes reconocibles y emotivos. Sus niños, maternidades, trabajadores y animales ofrecen una visión del ser humano basada en la ternura, la dignidad y la sencillez.

Las obras conservadas en la iglesia de San Cristóbal y San Rafael resumen buena parte de ese legado. El Cristo del Coro, La Milagrosa y San José unen tres asuntos esenciales en la trayectoria del escultor: el sufrimiento humano, la maternidad y el trabajo al servicio de la familia.

En ellas, la escultura deja de ser únicamente un objeto artístico para convertirse en parte de la oración, la memoria y la vida cotidiana de una comunidad.