Eduardo Vicente Pérez nació en Madrid el 13 de octubre de 1909 y falleció en la misma ciudad el 9 de mayo de 1968. Fue uno de los pintores españoles vinculados a la llamada Escuela de Madrid y destacó por sus paisajes, escenas urbanas, retratos, ilustraciones y pinturas murales.
Su obra representa con frecuencia el Madrid popular: sus calles, cafés, parques, estaciones, vendedores, paseantes y trabajadores. Su pintura se caracteriza por el dibujo ágil, el color luminoso y una mirada cercana y humana hacia la vida cotidiana.
Obras en la iglesia de San Cristóbal y San Rafael de Madrid
Eduardo Vicente realizó una parte importante de la decoración pictórica de la iglesia de San Cristóbal y San Rafael:
Los cinco medallones de la bóveda central.
Los ángeles del ábside.
Estas pinturas forman parte del programa decorativo original del templo y están integradas en su arquitectura.
Los medallones introducen escenas y figuras religiosas en la bóveda, guiando la mirada hacia el altar mayor. Los ángeles del ábside contribuyen a destacar visualmente el espacio más sagrado de la iglesia.
En estas obras, el artista adapta su estilo personal a la pintura religiosa y monumental. Las figuras presentan un dibujo claro, composiciones equilibradas y colores pensados para ser contemplados desde cierta distancia.
La decoración de San Cristóbal y San Rafael permite conocer una faceta menos habitual de Eduardo Vicente. Aunque es recordado principalmente como pintor del paisaje y de las calles de Madrid, también realizó pinturas murales y decoraciones para iglesias, hoteles, bancos y cafés.
Vida y trayectoria artística
1909. Nace el 13 de octubre en Madrid. Es hijo de Toribio Vicente, oficial de la Guardia Civil, empleado del Banco de España y pintor aficionado, y de Sofía Pérez.
Infancia. Visita con frecuencia los museos madrileños acompañado de su hermano mayor, Esteban Vicente, quien llegaría a ser una figura destacada del expresionismo abstracto estadounidense.
1924. Comienza su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. También trabaja como ayudante en talleres de escenografía y comparte un primer estudio artístico con su hermano.
1928. Celebra su primera exposición en el Ateneo de Madrid.
Finales de la década de 1920. Recorre diferentes regiones españolas pintando paisajes. El contacto directo con pueblos, caminos y habitantes influye profundamente en su obra.
1932. Se incorpora al Museo del Pueblo de las Misiones Pedagógicas, proyecto impulsado por la Segunda República para acercar el patrimonio cultural a las poblaciones rurales.
1932-1936. Realiza copias de las Pinturas negras de Francisco de Goya para el Museo del Pueblo. Las reproducciones permitían mostrar estas obras en localidades cuyos habitantes difícilmente podían visitar el Museo del Prado.
1936-1939. Durante la Guerra Civil colabora en las revistas El Mono Azul y Nueva Cultura. Trabaja también en tareas gráficas y de propaganda.
1937. Participa en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París, donde también se presentó el Guernica de Pablo Picasso.
Desde 1939. Para poder mantenerse, realiza ilustraciones, escenografías y decoraciones murales en bancos, cafés, hoteles e iglesias.
Década de 1940. El crítico Eugenio d’Ors impulsa su carrera artística y favorece su incorporación a los círculos expositivos madrileños.
1942-1943. Realiza tres grandes lienzos para la capilla de San Pedro de la catedral de Orihuela.
Década de 1940. Participa en las exposiciones y salones organizados por la Academia Breve de Crítica de Arte.
1948. Viaja a Nueva York gracias a una beca. Allí se reencuentra con su hermano Esteban, establecido en Estados Unidos.
1950. Realiza trabajos decorativos para el Hotel Emperatriz de Madrid.
1951. Forma parte del jurado de la Primera Bienal Hispanoamericana de Arte y es invitado a participar en la Bienal de Venecia.
Década de 1950. Realiza los cinco medallones de la bóveda central y los ángeles del ábside de la iglesia de San Cristóbal y San Rafael de Madrid.
1954. El crítico Manuel Sánchez Camargo lo incluye en su libro Pintura española contemporánea. Su obra se relaciona con la denominada Escuela de Madrid.
Década de 1950. Frecuenta las tertulias del Café Gijón y se relaciona con escritores, pintores e intelectuales del ambiente cultural madrileño.
1956. Ilustra Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes, de Camilo José Cela.
Décadas de 1950 y 1960. Pinta diversos murales y decoraciones religiosas, entre ellas obras para iglesias de Navacerrada.
1960-1961. Realiza pinturas para la iglesia de la Encarnación del Señor de Madrid.
1968. Fallece en Madrid el 9 de mayo, poco antes de la inauguración de una exposición de su obra.
1999. El Museo Municipal de Madrid organiza una exposición retrospectiva que contribuye a recuperar y divulgar su figura.
Características de su pintura
La obra de Eduardo Vicente se caracteriza por:
El protagonismo del dibujo.
Una pincelada rápida y expresiva.
El empleo de colores luminosos y matizados.
El interés por escenas sencillas de la vida cotidiana.
Una visión poética y humana de Madrid.
La representación de calles, parques, estaciones, cafés y mercados.
El gusto por los paisajes castellanos y los ambientes populares.
La capacidad para adaptar su lenguaje a la pintura mural y religiosa.
Sus personajes no suelen aparecer idealizados. Son personas anónimas —paseantes, vendedores, trabajadores o viajeros— observadas con cercanía y respeto.
La Escuela de Madrid
Eduardo Vicente fue relacionado con la llamada Escuela de Madrid, denominación utilizada para agrupar a varios pintores figurativos activos en la capital durante la posguerra.
No se trataba de una escuela organizada, sino de artistas que compartían el interés por:
El paisaje castellano y madrileño.
La pintura figurativa.
La observación directa de la realidad.
El uso expresivo del color.
La representación de ambientes cotidianos.
Dentro de este contexto, Eduardo Vicente desarrolló una personalidad propia y se convirtió en un destacado cronista visual del Madrid de mediados del siglo XX.
Legado artístico
Eduardo Vicente fue pintor, muralista, dibujante e ilustrador. Sus obras forman parte de colecciones públicas y privadas, entre ellas las de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Las pinturas de la iglesia de San Cristóbal y San Rafael poseen un especial interés porque muestran su capacidad para trabajar a gran escala y adaptar su lenguaje figurativo a un espacio religioso.
Los cinco medallones de la bóveda central y los ángeles del ábside constituyen, por tanto, una parte destacada del patrimonio artístico del templo y un valioso testimonio de la pintura mural española de la posguerra.
